Platero y yo

En mis tiempos, era obligatoria la prueba de “ingreso” antes de iniciar el bachillerato.  Aquel año nos examinaba don Manuel Estévez, director del Archivo  Histórico de Jerez y profesor de  geografía e Historia en el  Instituto Padre Luis Coloma de Jerez. A las cuatro de la tarde llegó mi turno. En una de las aulas laterales que daban al patio, el profesor nos iba  llamando uno a uno a la tarima  de la pizarra, para hacernos la primera prueba de lectura. Me entregó un pequeño librillo y me indicó que leyera el primer capítulo. Así lo hice:  “Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Solo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos  de cristal negro…” Mi vocecilla tímida y temblorosa se atasco en  -Tien’asero…,  don Manuel,  me corrigió entonándolo de un modo tan exquisito que aún resuena en mi memoria. Después continuó: “Tiene acero, Acero y plata de luna, al mismo tiempo.”

No recuerdo ni la prueba escrita de aritmética, de historia o de geografía. Recuerdo solo Platero y yo.

Lo he vuelto a leer infinidad de veces. Fue el libro que me abrió la puerta a la literatura de Juan Ramón Jiménez.