Antología personal

De 1961 es esta edición que me regalaron en los años setenta, en mi época de estudiante. Me la obsequió un amigo periodista argentino que vivía conmigo en Florencia. El libro lo he releído centenares de veces, los fragmentos que lo componen en prosa o poesía son joyas a las que siempre se les encuentra algo sorprendentemente maravilloso. El prólogo del mismo Jorge Luis Borges atrapa el interés y resulta imposible dejar de seguir leyendo: “Mis preferencias han dictado este libro. Quiero ser juzgado por él, justificado o reprobado por él, no por determinados ejercicios de excesivo y apócrifo color local que andan por las antologías y que no puedo recordar sin rubor. Al orden cronológico he preferido el de “simpatías y diferencias”. He comprobado así, una vez más, mi pobreza fundamental; Las ruinas circulares, que datan de 1939, prefiguran El Golem o Ajedrez, que son casi de hoy. Esta pobreza no me abate, ya que me da una ilusión de continuidad…” Con el tiempo he ido haciéndome con toda la obra de Borges, su lectura es sumergirse en la cultura y en la sabiduría de todos los tiempos. Es un incentivo para seguir leyendo,  es “una ilusión de continuidad” en la lectura de su obra y en las obras que el cita y maneja con una habilidad literaria  que no tiene límites.